Yo soy Tomás, vivía con mis dos hermanos y mis padres en un pueblo antiguo. Era joven, tendría unos 16 años cuando ocurrieron los hechos de esta historia.
En mi pueblo no había colegio pero aún así yo tenía varios amigos: Clarence, un chico alto, rubio como yo, solo que él parecía tener la fuerza de diez hombres y la velocidad de un caballo. Luego estaban dos hermanas: Lina y Laura, dos chicas con mucha ambición al tiro con arco, eran las mejores haciéndolo; su pelo era rojo intenso que resaltaba con su ropa verde.
Los cuatro nos llevábamos muy bien, hacíamos todo juntos.
Un día, estaba con Clarence observando cómo un herrero hacía una espada. Clarence se ofreció a ayudar pero el herrero se negó. Luego fuimos a darles de comer a unos cerdos y de broma nos montamos en ellos con palillos en las manos como si fuésemos caballeros. Más tarde volvimos a nuestra casa, allí me senté y repasé junto con mi madre, pero después de unos instantes oímos al sereno gritar:
“¡Huyan, un monstruo de piedra amenaza la ciudad!”
Al escuchar esto mi madre salió de la casa inmediatamente, yo la acompañé corriendo.
Salí y vi a una criatura hecha de piezas de piedra unidas por un extraordinario conjunto morado, sus ojos brillantes reflejaban el color de aquel extraño pegamento que lo mantenía en pie, estaban llenos de crueldad y debajo de esa siniestra sonrisa había destrucción y guerra.
Iba dirigido hacia nosotros así que todos salimos de la casa corriendo, pero lo que no sabíamos era que mi padre se había quedado dentro. Observamos como aquel monstruo arrasaba nuestra vivienda como si le hiciese cosquillas, todos nuestros recuerdos, todas nuestras pertenencias… Destruido todo por aquella horrenda bestia, aquella horrible criatura asesina que mató a mi padre, siguió caminando con esa terrorífica sonrisa, parecía tener un objetivo, en el momento no estaba claro pero poco a poco se veía que se dirigía al castillo del rey, una bella construcción enorme e intimidante, con dos torres en las que vivían sus hijas, una en cada torre.
La mole destructora se acercaba cada vez más… paso a paso, al ver esto los guardias reales y los reclutas intentaron defender la gran estructura, pero era todo inútil, ese gólem ni se molestaba en apartarlos, sabía que no eran suficientes para tumbarlo. Los cañones se desplegaron, aun así aquel gólem seguía sonriendo. Aunque fuese tan grande, daba la sensación de ser sigiloso… A pesar de todo aquel monstruo seguía en pie, no lo consiguieron derrumbar, era demasiado fuerte, demasiado grande. Al fin llegó a la torre, le dio un puñetazo, otro… La torre cayó, cayó a pies de aquel demonio, hasta con nuestros militares de élite, ese cúmulo de rocas no paró.
No tenía suficiente. Se dirigió a la segunda torre con esa mirada tan despiadada, “Sea lo que sea, aquello viene de lo más profundo del infierno” pensé con lágrimas en los ojos, pero antes de que aquella criatura llegase a la siguiente torre, hubo una explosión, ese líquido morado que tenía dentro el gólem salió propagado en todas direcciones, y yo pensaba que sería una pócima que derretiría hasta los huesos de lo que tocase, quemaría la piel y evaporaría la sangre… Pero no, abrí los ojos y vi el castillo morado, las casas, moradas todo. Lleno de líquido morado, pero ni rastro del gólem, hasta que oí un extraño sonido, como movimiento de algún tipo de rocas, no podía ser, y lo vi, vi como derrumbaban a la bestia, observé como su cuerpo parecía derretirse, pero eché otra mirada, y vi a dos gólems diminutos, caminando tranquilamente hacia la torre. Lleno de furia cogí cualquier cosa que sirviese como arma y corrí a golpear a aquellas pequeñas versiones del monstruo. No era el único, vi a casi todos los ciudadanos del pueblo dándole a los gólems con todo tipo de cosas. Al final juntos salvamos la torre del rey y, para recompensarnos, hicieron una gran estatua del monstruo siendo derrotado.
Al parecer, el gólem era un arma diseñada por otras ciudades para conquistar y destruir civilizaciones enteras, no sabemos cómo lo han hecho ni cómo lo lanzaron a un pueblo tan pequeño como el nuestro, pero estamos todos a salvo y eso es lo importante.


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