
Te perdí.
Como una bruma espesa, como un lodo viscoso, como caramelo fundido que escurre quemando a su paso la piel de quién lo toca. Así se fue acercando, sin piedad, lo imposible.
Te perdí, inexorablemente, confusamente, lógicamente, indudablemente, te perdí.
Te perdí, fue irremediable, inevitable, doloroso y frustrante.
Te perdí, estaba escrito. Así tenía que ser. Lo sabía desde el principio.
Te perdí, sin haber hecho nada para perderte: sin gritar, sin llorar, sin faltar al respeto, sin desatenderte, sin hastío, sin nada que se pudiera reprochar, sin engaño, sin violencia, sin drama, sin riña, sin enfado, sin exageraciones…
Te perdí. Y se abrió el vacío ante mis ojos.
Te perdí. Sin que me quedase una mínima reserva de lágrimas para llorar tu perdida.
Te perdí.
Sin haber dejado de quererte.
Te perdí.


Deja un comentario