
Has venido para que te escriba. Para que te llore en papel, para que te traduzca a tinta, para que salga por mi boca aquello que hube escondido durante tres vidas. Has venido para cambiar mi vibración, para trástocarme el karma, para desalinearme los chakras y todas las modas espirituales.

Y, como si cien años hubieran pasado en un suspiro, me quedo sin vosotros, sin el uno, sin el otro…

Conocí a una mujer de 34 años que amaba a un joven de 15. Su amor era maduro, recíproco y libre de idealización, desafiando las normas sociales y legales. En la antigua Grecia, relaciones similares eran parte del desarrollo social y educativo. Me pregunto, ¿quiénes somos nosotros para juzgar este amor? Quizás aquellos que critican…

Por ti recorrería fronteras con la vista nublada. Por ti nadaría la Vía Láctea sin respirar apenas…

Todo en la vida pende de un hilo, desde el trabajo hasta las relaciones. La vulnerabilidad es constante, recordando que la incertidumbre es parte de la vida. A pesar de vivir en un mundo cuantificable, la fragilidad persiste. Por ello, es importante disfrutar y expresar amor, ya que también pende de un hilo.

Para tu vida, siéntate aquí conmigo, un rato anda, hazme el favor. Mira, mira mis manos. No soy ninguna niña, sigo teniendo alas, pero mi piel muestra mis años, mis experiencias, todas las locuras que pasaron por mis manos atreviéndome a hacerlas…

No necesito nada. Soy una mujer con pocas exigencias. No necesito tu aprobación, permiso, dedicatorias, atenciones ni premoniciones. Yo puedo sola, soy capaz, florezco sin ayuda, y lucho el doble ante la falta de apoyo.

Marcho por un túnel oscuro, escuchando pasos detrás de mí. La presión sube por mi estómago, mi respiración se acelera. El suelo húmedo me impide caminar en silencio. El pánico me invade mientras corro, la agonía sube por mi garganta. Me siento vencida, sin escape posible.

En un mundo de falacias costumbristas, ética disuelta, y sentido común escaso, tú conservas la cordura y la compartes conmigo.