Un turco admirable que se hizo de querer.

   

Tiempo de lectura:

2–3 minutos

Vecino de kurdos, tataranieto de otomanos, heredero de musulmanes con tintes de civilizaciones anteriores, siempre anteriores. 

Con el sol del mediterráneo tatuado en tu alma, 

con sangre de caballos legendarios corriendo por tus venas.

Caballos de los que siempre estuviste enamorado. Porque… Quién puede no amar lo que galopa por su propia sangre?

Así de bien dotado te fuiste. Así de elegantemente vestido nos dejaste. 

Te dejaste una española con el alma rota y un hijo con una falta insustituible.

Los dejas partidos en mil pedazos e, intentando reconstruirse en una vida que no eligen, les faltan cientos de ellos.

Te esperaste aposta, esquivaste a la muerte temporalmente para despedirte de ellos en el país del sol naciente. Dejaste tu orgullo milenario aparcado durante unas vacaciones de semana santa y disfrutaste de tus días como un niño. 

Volviste del este habiendo compartido nuevos sueños con tu familia, habiendo construido nuevos recuerdos. 

Esas nuevas memorias que no esperabas hicieran más difícil tu adiós, tu abrupta despedida. 

Te fuiste cruelmente, dejando una estela de amor detrás tuyo que algunos no se pueden arrancar ni a manotazos.

 Tú que inspíraste un capítulo entero de un libro que trata sobre guerra y pérdidas. Tú que supiste convertir esas pérdidas en ganancias humanas.

Y que recuerdos, que bellezas, que tesoros almacenados les dejaste a tus dos amores. 

Y que difícil es decir adiós cuando lo que uno tenía merecía tanto la pena. 

Y que difícil cabrón, que difícil lo pones.

Y allá vuelas, a lo alto, a reunirte por fin con la madre que te lloró desde el cielo en el día de tu boda. 

Contenta estará la bendecida mujer.

Bailo, bebo cerveza y canto a solas. Honro tu memoria sonriendole a la vida que todavía recorre mis venas. 

Y te dono, te lego, te mando esta sensación de libertad, donde quiera que estés, 

para que te lleves un pedazo de lo que viviste, de lo que recordaste, de lo que te pierdes. 

Para que te acuerdes, cuando muerto, que fuiste humano, y que humano, en los recuerdos de otros vivirás.

Y así te dejo ir, de la mano del alma de tu mujer, del pedazo de su alma partida que te llevas. 

Espero que ella pueda dejarte ir, aunque su dolor… Ay su dolor… Ese si que es otra historia, otro mundo, otra nube eterna de poemas.

2 respuestas a “Un turco admirable que se hizo de querer.”

  1. Avatar de MaxiLiberlibro
    MaxiLiberlibro

    Un texto maravilloso Besos Maxi

    Me gusta

  2. Avatar de
    Anónimo

    Encantadora despedida…

    Me gusta

Replica a MaxiLiberlibro Cancelar la respuesta

Descubre más De mochilas y manuscritos

Suscribete ahora para recibir notificaciones de nuevos posts

Continue Reading