
No necesito nada.
Soy una mujer con pocas exigencias.
No necesito tu aprobación, no necesito tu permiso, no necesito tus dedicatorias, no necesito tu escasez de gestos.
No necesito tus atenciones, no necesito premoniciones, no necesito que nadie me estampe las verdades en la cara: ya las veo yo sola.
No necesito tus regalos, ni tus atenciones. No me gustan las ropas, ni las joyas, ni las cenas caras.
Olvídalo. Yo no necesito ser la prioridad. Yo ya soy mi prioridad. Pero yo no acepto menos que ser «una» prioridad. Y a chingarle a tu madre si no.
No necesito mendigar ningún pedazo de tu atencion.
No necesito el calor de tu ilusión. Con la mía me basta.
Yo puedo sola, yo soy capaz, yo florezco si carezco de ayuda, yo lucho el doble ante la falta de apoyo, yo muerdo si conmigo pretendes una desventura.
No me haces falta, no me desvivo por tí, no me afectan tus intermitencias.
Sin embargo…
Se me templan los presentes cuando el caos te pone a mi lado, y una sonrisa se me escapa, juguetona, de medio lado.
En esta vida mía no cueces, pero sí enriqueces.


Deja un comentario