
Durante siglos, la soledad tuvo rostro femenino, aunque casi nadie la miraba. Estaba ahí, escondida en el corazón del hogar, disfrazada de deberes domésticos, maternidad y entrega. La mujer, rodeada de hijos y marido, podía vivir en un silencio emocional profundo. No le faltaba compañía física, pero sí espacios propios, redes de apoyo, amistades íntimas…

Hay veces que te sientes sola, Muy sola, Tan lejos de lo que conoces de verdad. Tan lejos de lo que siempre has creído que sería tu hogar. Tan lejos de la infancia que compartiste en un mismo lugar, Con la misma gente, Con los mismos pesares y alegrías, Con las mismas funciones y metas…

Y, como si cien años hubieran pasado en un suspiro, me quedo sin vosotros, sin el uno, sin el otro…