
Tú, mi todo. Mi amor, mi compañero, mi vida. Mi confianza, mi astucia, mi impulsor…

Te perdí. Como una bruma espesa, como un lodo viscoso, como caramelo fundido que escurre quemando a su paso la piel de quién lo toca. Así se fue acercando, sin piedad, lo imposible…

Se me quedaron muchos besos en la cartera por darte. Muchos ases en la manga condenados a no ganar ninguna partida. Muchos versos que te escribiré, silenciosamente, en el agua….

Quiero sacarte de mí, echarte de mis entrañas, borrarte de mis interiores, pretender que nunca bajaste de aquel avión con aquella sonrisa perdida. Quiero aventarte por la ventana, amenazarte con el olvido eterno, empujarte a trompicones, descoser los remiendos que le tuve que echar a mi alma cansada. Quiero darme la vuelta airada, enojarme con…

¿Maravilloso? Y tu me preguntas con sorna que me gustaría. Sabiendo lo que te amo, descarado… ¿Que crees? Me haría feliz que tus risas fueran el único soundtrack de toda de mi vida. Tu sonrisa de medio lado, anclada en mi pecho, meditabunda anida. Y tus ojos me miran desafiantes, sabiendo que de mí pueden…

Me inundaron las ganas, Me quemaron los humos de lo que no pudo ser, no fue y nunca estuvo hecho para existir. Me hicieron jirones los arrullos de los nidos aún por construir. Se me lleno la boca de imposibles. Barajé, avariciosa, unos simples destellos inmateriales. Y aquí estoy. Con la opacidad de la resaca…