
Hay algo delicioso en visitar sitios abandonados. Lugares donde el óxido y el musgo han heredado los vestigios de lo que fue y ya no es. Es poético ver la destrucción que la naturaleza impone a la cabezonería del ser humano por sobrepasarla. Estructuras devoradas por enredaderas, hierbas creciendo en los recovecos de edificios semi…