
Hacía tiempo que no te veía. Ni en la vida material ni en mis sueños. Y hoy me agarraste desprevenida al ver tu hermosa presencia aparecer de madrugada en mi traicionero subconsciente. Allí estabas, alto, moreno, sonriente… Con tu cara dulce y mirada de soslayo, encerrado en un cuerpo precioso que no elegiste. Me acerqué…