—Papá —dijo el monstruo bebé.
—¿Qué?
—¿Puedes mirar debajo de la cama?
—¿Por qué? —respondió el padre monstruo.
—Por si acaso hay humanos.
El papá monstruo se asustó.
—¿Por qué habría humanos? —dijo con voz temblorosa.
—No lo sé, pero he escuchado muchas cosas malas sobre ellos.
—Bueno, está bien —dijo dudoso.
Miró debajo de la cama y afirmó que no había humanos.
—¿Y en el armario? —insistió el bebé.
El padre, con respiraciones entrecortadas y las manos temblorosas, abrió el armario.
—No hay nada.
—Gracias, papá —agradeció el pequeño monstruo.
—Hijo, para no tener miedo, imagínate que los humanos viven en un mundo justo, donde todos disfrutan; imagina que si nos encontraran, nos aceptarían en su sociedad y cuidarían de nosotros.
—Vale, papá —respondió más calmado.
El padre se despidió de su hijo con un “buenas noches” y un beso en la frente.


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