El otro día, un niño alérgico a las picaduras de avispa jugaba tranquilo en el parque… hasta que una avispa lo atacó, o se defendió, quién sabe.
Gritos. Nervios. El corazón de los padres en un puño.
Pero algo extraño ocurrió: no hubo reacción alérgica.
¿Por qué?
Porque la avispa no lo picó.
Lo mordió. Que no es lo mismo aunque mucha gente no haga distinción.
¿Y cuál es la diferencia?
Cuando una avispa pica, introduce veneno con su aguijón.
Es ese veneno el que puede causar reacciones graves en personas alérgicas: hinchazón, urticaria, dificultad para respirar o incluso un shock anafiláctico.
Pero cuando una avispa muerde, usa sus mandíbulas.
No inyecta veneno. Solo puede dejar una pequeña marca o molestia, pero no provoca reacciones alérgicas sistémicas.
Las avispas también pueden morder con sus mandíbulas (por ejemplo, para defenderse, manipular alimentos o materiales para el nido).
La mordida no introduce veneno.
Por tanto, una mordida no debería causar una reacción alérgica sistémica, salvo que haya una infección secundaria o que el contacto con la boca de la avispa deje trazas del veneno (lo cual es raro y no está documentado como causa común de anafilaxia).
En resumen:
No, si una persona alérgica a las picaduras de avispa es mordida (no picada) por una avispa, no debería sufrir una reacción alérgica, porque no hay inyección de veneno.
Así que si alguna vez pasa algo parecido, respira hondo y observa:
No todo contacto con una avispa implica peligro, incluso en niños con alergia conocida. Lo importante es saber distinguir una mordida de una picadura.
En este caso, la información también fue medicina.
Y el susto… solo quedó en eso: un susto.


Deja un comentario