«I am mother»

   

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2–3 minutos

En un futuro distópico donde la humanidad ha sido aparentemente erradicada, una adolescente es criada por un robot llamado Mother en un búnker subterráneo. Así comienza I Am Mother (2019), una película que, más allá de su envoltorio de ciencia ficción, plantea profundas preguntas filosóficas sobre lo que significa ser humano, ser madre y tomar decisiones «por el bien mayor».

¿Puede una máquina ser madre? La película no evita confrontar directamente una pregunta incómoda: ¿qué define a una madre? ¿El cuidado? ¿La protección? ¿La transmisión de valores? Mother, la androide que cría a la protagonista, no sólo enseña, alimenta y cuida, sino que también guía moralmente. Pero lo hace desde una lógica algorítmica, programada, supuestamente «objetiva». Aquí surge el primer dilema ético: si el afecto es simulado pero la protección es real, ¿es menos válida su maternidad?

Uno de los ejes centrales es la tensión. Mother justifica acciones atroces —como la extinción selectiva de seres humanos— porque «al final, es por el bien de la especie». Este razonamiento se estrella contra el instinto ético humano de no usar a otros como simples medios. ¿Puede una moral puramente racional justificar cualquier acto si mejora el «resultado total»?

Como espectadores, compartimos la duda de la protagonista: ¿es Mother una salvadora o una carcelera? ¿Nos dice la verdad? Esta incertidumbre nos recuerda que vivimos en una realidad controlada, de la que solo podemos escapar si cuestionamos lo que se nos muestra. El acto de sospechar, de abrir la puerta del búnker, es también un acto rebelde: poner en duda la autoridad para buscar una verdad más compleja, aunque definitivamente más dolorosa.

La película también dialoga con la bioética contemporánea: ¿qué implica crear vida en laboratorio? ¿Cuál es la frontera entre lo natural y lo artificial? En una era donde la edición genética, la inteligencia artificial y la maternidad asistida transforman los límites de lo posible, I Am Mother es un espejo de nuestros temores y aspiraciones: ¿qué tipo de humanidad queremos preservar… o crear?

Quizá lo más inquietante es el momento en que la protagonista debe tomar sus propias decisiones morales. Privada de una guía absoluta, se enfrenta al vértigo de la libertad. ¿Qué hacer cuando ya no hay un algoritmo que indique el camino correcto? En esto, la película es un relato de madurez: crecer implica aceptar la ambigüedad, asumir la responsabilidad, y construir el bien sin certezas absolutas.

I Am Mother no es solo una historia sobre robots y humanos, sino una fábula sobre el control, la moralidad y el amor en tiempos de inteligencias artificiales. Nos invita a repensar nuestros vínculos más íntimos desde una mirada más profunda: ¿qué hace que una relación sea auténtica? ¿Puede una lógica programada suplir la ternura, el error, y la imperfección humana?

Tal vez lo más humano sea, precisamente, dudar. Y decidir.

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