Qué grande es el tiempo sin electricidad. Qué silencio más ancho. Un teléfono muerto yace en la mesilla, el agua no llega donde no la lleva la gravedad. Tenemos que aprender a andar, dejar la comida al fresco, a la sombra y volver al fuego, a la madera, a la herramienta manual.
Regresamos a la mecánica, a la palanca, al yunque, a entendernos en directo con los vegetales y los animales.
Tendremos que pisar la tierra como nuestros antepasados, resguardándonos del frío y de la noche. Y esperar al sol cada mañana para que certifique que vemos donde estamos, que somos lo que seguimos siendo: unos humildes supervivientes de las sombras.
Maxi.


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