Hasta que otro día las cosas vuelvan a cambiar.

   

Tiempo de lectura:

1–2 minutos

Hay veces que te sientes sola,

Muy sola,

Tan lejos de lo que conoces de verdad.

Tan lejos de lo que siempre has creído que sería tu hogar.

Tan lejos de la infancia que compartiste en un mismo lugar,

Con la misma gente,

Con los mismos pesares y alegrías,

Con las mismas funciones y metas en la vida.

Las funciones que llevaba cada uno como un colgante de

 letras negras sobre fondo blanco,

Vitoreandolas desde que son pequeños.

Y de repente todo cambia.

Las caras cambian, las costumbres, lo que has apreciado,

Y ves cosas nuevas, 

Y aprendes,

Y disfrutas de tu nueva independencia,

Y te llamas gilipollas por todos y cada uno de tus errores.

Todo es muy duro porque no se pueden unir los amores,

No se pueden unir las amistades,

No se pueden unir las ciudades.

Las cosas que quieres siguen su camino aunque tú no estés,

Y poco a poco, antes de que te des cuenta ya eres prescindible.

Pasas las horas entre libros y personas con las que nunca

Llegas a intimar lo suficiente como para llorarles tu ansiedad.

Nunca nadie se compromete tanto como para escuchar la 

suavidad con la que quieres acompañar tus suspiros.

Nunca. Nunca.

Nunca.

Y siempre.

Siempre es igual.

Hasta que otro día las cosas vuelvan a cambiar,

Y el ciclo vuelve a comenzar, 

Otra vez. De nuevo. Siempre igual.

Y la soledad no la puedes aguantar.

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