Esfera prudente y soñadora es la que quema con crepitante ruido nuestras almas.

   

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Esfera prudente y soñadora es la que quema con crepitante ruido nuestras almas. Números sin aparente sentido que nos predicen el futuro y recuerdan el pasado, pero que rara vez nos perturban el sentido del presente acaecido. 

Redondel de cristal tapona tu dulce envergadura; para protegerlo del desesperado manotazo. Incansable energía corre por tus venas de metal, desembocando en tus brazos, brazos que se persiguen unos a otros: rectos, armoniosos, como en una vil carrera.

El uno no te deja respirar y sobrepasa las antípodas del instante. El otro es adelantado mientras corretea borracho por la pista, sin pensar en inquietarse. Y un tercero gordito y bajito, qué tan pronto corre y vuela como lento pedalea.

Tus segundos me golpean los oídos creyendo no hacer apenas un triste ruido. Tus minutos me adelantan la histeria de los sentidos, tan bien hasta ahora guardada por un muro alto y firme.

Tan frágil y elegante atraes pasiones en la gente con los trajes exóticos en los que te disfrazas. Nos embaucas fuertemente y nos aturdes sin cesar. 

Todos te necesitan, todos cuentan contigo, todos corren con las prisas a una cita ilusionada donde siempre llegarán tarde. 

Pero yo sé que me matas poco a poco, sin piedad, sin descanso; con arrugas y maltrato.

Oh reloj! No te camufles a mi vista, no te vistas de colores y formas. No te servirá de nada. Conozco tus puñaladas rítmicas y dolorosas.

Te conozco.

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