Postojna Cave y sus dragones bebé. Eslovenia.

   

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En un mundo oculto bajo la superficie de la tierra hay un lugar donde la naturaleza ha trabajado durante millones de años para esculpir un paisaje que parece sacado de un cuento de hadas. Así es la cueva de Postojna, conocida en esloveno como Postojnska jama, una joya subterránea en el corazón de Eslovenia.

La historia comienza en 1818, cuando un trabajador local descubrió una entrada desconocida durante los preparativos para la visita de Francisco I, el emperador de Austria. Aunque las cuevas ya eran conocidas en la región, este descubrimiento desveló un laberinto mucho más extenso y fascinante. Desde entonces, la cueva de Postojna ha cautivado a millones de visitantes, convirtiéndose en una de las atracciones más visitadas de Europa.

Para adentrarse en esta maravilla subterránea, los visitantes abordan un trenecito que los lleva a las profundidades. Este tren, en funcionamiento desde 1872, es uno de los pocos del mundo que opera dentro de una cueva y añade un toque de magia al largo recorrido. A medida que el tren avanza, a una velocidad considerable, el aire se vuelve fresco, el eco de las ruedas se mezcla con el sonido del agua goteando, y las sombras comienzan a revelar la majestuosidad de las estalactitas y estalagmitas.

A lo largo de los siglos, exploradores y científicos han cartografiado más de 24 kilómetros de galerías y cámaras en la cueva. Sin embargo, solo una pequeña parte está abierta al público, asegurando que su frágil ecosistema permanezca protegido.

Dentro de la cueva, las formaciones calcáreas cuentan el paso del tiempo. Algunas tienen formas curiosas que evocan castillos, figuras de animales e incluso una «cortina» petrificada que parece ondear al viento. Entre las más famosas está el llamado «Brillante», una estalagmita de casi cinco metros de altura, cuya superficie blanca parece brillar como la porcelana bajo las luces.

El río Pivka, que fluye a través de la cueva, es el arquitecto principal de este espectáculo. Durante milenios, sus aguas han moldeado los pasadizos y cámaras, creando un mundo subterráneo en constante evolución.

La cueva también es hogar de una criatura misteriosa y única: el proteus anguinus, conocido localmente como el «pez humano» o «bebé dragón». Este anfibio, de color pálido y completamente ciego, ha sido objeto de mitos y fascinación científica. Se dice que los antiguos habitantes creían que eran crías de dragón expulsadas al río.

El proteus anguinus, conocido como «dragón bebé» o «pez humano», es un anfibio único y fascinante que habita exclusivamente en las aguas subterráneas de los sistemas kársticos de los Balcanes, principalmente en Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina.

Mide entre 20 y 30 cm, lo que lo convierte en el mayor anfibio subterráneo conocido.

Tiene una piel pálida, de un tono rosado o blanco, que se asemeja a la piel humana, de ahí su apodo «pez humano».

Está completamente ciego en su etapa adulta. Durante su desarrollo embrionario tiene ojos funcionales, pero estos se atrofian debido a la falta de luz en su hábitat.

Para compensar su ceguera, desarrolla sentidos extremadamente agudos, como el oído y la sensibilidad a las vibraciones y señales químicas en el agua.

Posee branquias externas de color rojizo que sobresalen de su cuello y se asemejan a pequeñas plumas. Además, puede respirar a través de la piel y de pulmones rudimentarios.

Vive exclusivamente en aguas subterráneas, ricas en oxígeno, con temperaturas estables entre 8 y 11 °C.

Debido a la escasez de alimento en su entorno, puede sobrevivir hasta 10 años sin comer.

Se cree que puede vivir más de 100 años, lo que lo convierte en uno de los anfibios más longevos.

Es un depredador que se alimenta de pequeños invertebrados acuáticos, como camarones, insectos y caracoles.

Puede digerir su comida lentamente, almacenando energía en forma de lípidos en su hígado.

Es nocturno y sedentario, adaptado a la oscuridad perpetua de su entorno.

Utiliza electrorrecepción para localizar presas, similar a algunos peces eléctricos.

Es vulnerable a cambios en la calidad del agua y a la introducción de especies invasoras.

En la antigüedad, los lugareños creían que era la cría de un dragón debido a su forma serpentina y su rareza. Su genoma es extraordinariamente grande, con una complejidad aún por comprender completamente.

Se estudia como modelo para comprender la adaptación a ambientes extremos y el envejecimiento celular.

El proteus anguinus es un verdadero tesoro de la biodiversidad subterránea y un símbolo de los sistemas kársticos de Eslovenia, recordándonos la fragilidad y maravilla de los ecosistemas ocultos.

Es un recordatorio de que bajo nuestros pies, el mundo guarda secretos que esperan ser descubiertos, iluminados y admirados.

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