Bienvenidos al majestuoso Castillo de Smolenice. Este relato les llevará a través de los siglos de historia que han dado forma a esta imponente fortaleza y les revelará los propósitos que cumple en la actualidad.


El Castillo Smolenice es un testimonio vivo de épocas pasadas. Aunque la fecha exacta de su edificación original permanece oculta en los misterios del tiempo, los registros más antiguos datan de 1457, sugiriendo que ya existía en la segunda mitad del siglo XV. La estructura actual se alza sobre las ruinas de un castillo medieval, de las cuales aún se conservan vestigios significativos: una entrada fortificada que antaño estaba protegida por un puente levadizo y un foso, y cuatro baluartes que defendían sus murallas. Tres de estos bastiones alojaron cañones, mientras que el cuarto albergaba la Capilla de la Santa Cruz, construida en 1596 por Thomas Erdődy. Esta capilla, rica en arte sacro, vio su interior trasladado en el siglo XVIII a la capilla del Conde Erdődy en Galanta.


Otro legado de aquel pasado medieval es un pozo tallado en la roca que, según la leyenda, fue construido para mitigar la falta de agua, una dificultad que llevó a los soldados a cocinar con vino en lugar de agua. Este pozo, que alcanzó una profundidad de 60 metros, fue también testigo de heroicas historias durante el Levantamiento Anti-Habsburgo, cuando se convirtió en un símbolo de resistencia.
El campanario, que alguna vez tuvo cinco pisos y alojó campanas que anunciaban tanto la paz como la guerra, también guarda ecos de su historia. Actualmente, reconstruido en ferroconcreto, conserva partes de su estructura original, aunque fue dañado durante la Segunda Guerra Mundial, cuando sirvió como puesto de vigilancia del ejército alemán.
Cada rincón del castillo revela detalles de su evolución a lo largo del tiempo. La única entrada principal que permanece está decorada con un arco neogótico que refleja las reformas realizadas en el siglo XX por la familia Pálffy, cuyos símbolos familiares, un león y un ciervo, están presentes en el escudo que corona la puerta. Una leyenda cuenta que el ciervo salvó a un miembro de esta noble familia, otorgándole un lugar eterno en sus emblemas.
El salón principal, núcleo del castillo, refleja la rica historia y los intercambios culturales que moldearon este lugar. Desde baldosas venecianas en el suelo hasta un espejo veneciano de singular perfección, cada detalle resplandece con ecos del pasado. Este espejo, que según el mito promete juventud eterna, está rodeado por retratos de los principales restauradores del castillo, como Moritz Pálffy y su hijo Joseph, figuras centrales en la revitalización de Smolenice.


La torre del castillo, que se alza imponente a 31 metros, ofrece una vista incomparable de la meseta de Trnava y los Pequeños Cárpatos. En estas colinas, donde la historia y la naturaleza se entrelazan, se encuentra Molpír, un sitio arqueológico que guarda vestigios de rituales antiguos. La región circundante, custodiada por Záruby, el pico más alto de los Cárpatos Pequeños.

Curiosamente, el camino asfaltado que conduce al castillo fue construido en un solo día en 1961, con motivo de la visita de Nikita Khrushchev, un episodio que enlaza este rincón histórico con eventos cruciales del siglo XX.
Hoy, el Castillo de Smolenice no solo preserva la memoria de épocas pasadas, sino que también abre sus puertas para compartir estas historias con quienes se adentran en sus muros. Su visita es un viaje en el tiempo y un encuentro con la riqueza cultural que este lugar atesora.


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