El History Park de Štefanová, cerca de Trnava, Eslovaquia, es un lugar singular que combina historia y entretenimiento en un entorno natural. Este parque temático interactivo permite a los visitantes explorar diferentes épocas de la historia, desde la prehistoria hasta la llegada de los primeros eslavos a la zona.

El recorrido principal se realiza a través de un laberinto de madera rustica, ubicado en un antiguo huerto de manzanas, donde cada sección está diseñada para representar un período histórico específico, como la Edad de Piedra, la Edad de Bronce, los tiempos de los celtas y germanos, y hasta las guerras napoleónicas.
Los visitantes pueden interactuar con réplicas de herramientas, armas y vestimentas de cada época, lo que lo convierte en una experiencia inmersiva y bastante educativa. Uno se siente en las piel de aquel que porta el arma. Quizás nunca se había planteado mirar la violencia desde este otro lado, pero cargando las armas, usando las mascaras de gas y acarreando los escudos, la empatía aflora sin querer siquiera.

Mientras atraviesas el laberinto de madera en el History Park, te detienes frente a una mesa cubierta con armas antiguas. Una espada celta, desgastada por el tiempo, parece llamarte. Al alzarla, sientes su peso inesperado: no es solo acero lo que sostienes, sino siglos de batallas, historias de guerreros y la carga de una época donde la supervivencia dependía de la fuerza y el coraje.
El frío metal vibra ligeramente en tu mano, como si aún resonaran los ecos de enfrentamientos lejanos. Cierras los ojos y, por un momento, el parque desaparece. Escuchas el estruendo de escudos chocando, el grito de órdenes en lenguas antiguas, el silbido de una flecha rozándote. Tu respiración se acelera. ¿Es esta la sensación que dominaba a un guerrero cuando la batalla se cernía sobre él?

Abres los ojos y miras tu reflejo en la hoja pulida. Por un instante, no estás en un parque interactivo, sino en un campo de batalla celta, enfrentándote al enemigo con la espada alzada. Sientes en tu pecho una mezcla de orgullo, responsabilidad y temor; emociones que los guerreros de hace siglos debieron conocer tan bien.
Cuando vuelves a dejar la espada sobre la mesa, tus manos aún tiemblan levemente. No por el esfuerzo físico, sino por la conexión inesperada que acabas de tener con el pasado. En un simple gesto, has tocado la historia y, por un momento, te has convertido en parte de ella.
Te entregan una caja de munición, y aunque a primera vista parece un simple recipiente metálico, en cuanto lo levantas, sientes la tensión en tus brazos. El peso físico no es abrumador, pero la idea de lo que llevas te aplasta más que cualquier carga. Estos cartuchos, perfectamente alineados, alguna vez fueron la diferencia entre la vida y la muerte para un soldado. Cada uno era un disparo más que quizás significaba volver a casa o proteger a un camarada.


Caminas unos pasos, imaginándote en las trincheras, en medio del caos. El aire está cargado de humo, el estruendo de las ametralladoras retumba como un tambor de guerra incesante, y el barro se pega a tus botas mientras avanzas bajo la mirada desesperada de los hombres que esperan que llegues con la carga. Cada paso con esa caja parece más pesado, no solo porque tus brazos tiemblan, sino porque comienzas a entender: para esos soldados, cargar munición no era solo una tarea; era la línea que separaba el silencio del fuego, el avance de la derrota.
Entonces te entregan una réplica de una ametralladora antigua. Es un monstruo de acero y madera, una máquina hecha para imponer autoridad en el campo de batalla. Al sujetarla, notas la crudeza de su diseño: no hay espacio para comodidad, solo funcionalidad. Al acomodarla sobre un trípode, te das cuenta de lo inmóvil que debes permanecer, apuntando, esperando, cada disparo un eco de decisiones irreversibles.
Te colocan detrás de la ametralladora. Apoyas tus manos en los controles, y aunque no estás en una guerra real, sientes el sudor frío recorrer tu espalda. Imaginando los ojos fijos de alguien al otro lado, te preguntas cómo un soldado se enfrentaba a ese peso: no el de la máquina, sino el de la moralidad, el de saber que sus manos eran instrumentos de un destino que no siempre controlaban.


Cuando finalmente sueltas el arma, un silencio extraño llena tu mente. Te alejas de la experiencia con los brazos adoloridos y una sensación que nunca habías tenido: el entendimiento de que, más que cargar cartuchos o armas, aquellos soldados cargaban el peso invisible de sus decisiones y la carga infinita de su humanidad.
El parque es especialmente popular entre familias y escuelas, ya que organiza actividades prácticas como probarse cascos, sostener espadas y aprender sobre las costumbres y la vida cotidiana de cada período. Además, regularmente ofrece programas educativos para enriquecer la experiencia.
Está a solo 20 minutos en coche desde Trnava y es muy accesible desde Bratislava.
Aunque es un destino asequible, no aceptan pagos con tarjeta, así que se recomienda llevar efectivo. Es un lugar ideal para aprender y divertirse en un entorno que combina naturaleza, historia y creatividad.


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