«Freaks», la película de 2018 dirigida por Zach Lipovsky y Adam B. Stein, es un enigma que unos no se puede perder.
Permítanme decir que la frase que mejor la resume está en el refranero español: «Golpean al lobo hasta que muerde para poder decir que es malo».
Es extremadamente envolvente, una pieza cinematográfica que te arrastra lentamente hacia un abismo de intriga y desesperación. Esta obra es una joya del cine independiente que te sumerge en un mundo perturbador y claustrofóbico, donde la línea entre la realidad y la paranoia se difumina de manera inquietante.
Desde el primer momento, te sientes atrapado en un laberinto de preguntas sin respuestas, donde cada sombra esconde un secreto y cada pregunta es un mar de sin respuestas.
La película sigue la historia de Chloe, una niña de siete años que ha pasado toda su vida encerrada en una vieja casa con su padre, quien la mantiene bajo estrictas medidas de seguridad. Desde el comienzo, sientes una atmósfera de tensión y misterio; Chloe es curiosa y anhela ver el mundo exterior, pero su padre le advierte de los peligros que acechan más allá de las paredes que la protegen. Esta relación entre padre e hija es el núcleo emocional de la película, cargada de amor, pero también de un miedo intenso y casi obsesivo.
El ambiente es asfixiante, opresivo: las cortinas siempre están cerradas, las puertas tienen el seguro echado, y Chloe no ha conocido nada más allá de esas paredes desde que tiene memoria.
Su padre la ha educado para temer al mundo exterior, un lugar lleno de peligros invisibles, donde seres como ellos no son bienvenidos.
Pero, ¿qué es lo que realmente acecha fuera de esa casa? ¿Es su padre un hombre quebrado por la paranoia, o es Chloe la única que no comprende el horror que espera más allá de esa cada vez más estrecha jaula familiar?
A medida que Chloe empieza a desobedecer las estrictas reglas de su padre, la verdad comienza a filtrarse, lenta y aterradoramente, como un veneno dulce.
La niña descubre que no es una niña común. Posee habilidades que la hacen única, pero también la convierten en un blanco.
El mundo exterior, tan deseado por Chloe, se revela como un lugar hostil, donde aquellos como ella son cazados, perseguidos, torturados, asesinados…
La tensión se intensifica a cada momento, mientras Chloe lucha por entender quién es y por qué debe temer. Cada nueva revelación es como una pieza de un rompecabezas macabro, y la imagen que se forma es tan inquietante como fascinante. Uno no puede parar de mirar la pantalla.
El padre de Chloe, interpretado con una intensidad palpable, se debate entre protegerla y prepararla para un mundo que no la aceptará. Pero, ¿quiénes son los verdaderos monstruos en esta historia? ¿Los «freaks» con sus singularidades, o la sociedad que los teme, los persigue, los oprime, los tortura y los asesina?
«Freaks» no solo es un thriller psicológico; es una exploración de la humanidad, de nuestros miedos más profundos y de lo que sucede cuando esos miedos se vuelven realidad.
La película juega con tus percepciones, te hace dudar de todo y te lleva al límite con su atmósfera cargada de tensión. Al final, te deja con una sensación de desasosiego, preguntándote si realmente alguna vez conociste la verdad, o si solo viste una pequeña parte de un mundo mucho más oscuro y complejo.
Es una obra que no solo narra una historia; te arrastra dentro de ella, obligándote a enfrentar tus propias nociones de normalidad, monstruosidad y supervivencia en un mundo donde ser diferente es un delito que puede costarte la vida.
La narrativa te mantiene al borde del asiento, mezclando elementos de horror, ciencia ficción y drama psicológico.
Es una historia sobre la identidad, sobre cómo el mundo reacciona ante lo que no comprende, y sobre el precio de ser especial en un mundo que teme a lo extraordinario.
La película es una metáfora poderosa que te invita a mirar más allá de la fachada de normalidad que todos llevamos, y a confrontar la realidad de que, quizás, todos somos un poco freaks en un mundo que no está preparado para nosotros.


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