
Para tu vida, siéntate aquí conmigo, un rato anda, hazme el favor.
Mira, mira mis manos. No soy ninguna niña, sigo teniendo alas, pero mi piel muestra mis años, mis experiencias, todas las locuras que pasaron por mis manos atreviéndome a hacerlas.
Escucha, tengo muchas cosas que contarte, quiero que hablemos por horas, dime qué es lo que más temes. Compárteme lo que te venga en gana.
Oye, no necesito que me beses esta noche, solo necesito que entiendas, yo ya estoy aquí sentada, esperándote, desde hace una década. No se cuánto tiempo más seguiré esperándote, imagino que mucho, pero necesito que sepas que me desgasta.
Huele cariño. Notas ese olor? Ese dulce que se percibe, lo llevo por dentro. Se me está quemando el alma con los calentones que pensarte me provoca.
Vamos a pasar un rato juntos. Reserva un poco de tiempo. Te invito a unas risas: las pago yo.
Te advierto que entre risa y risa alguna lágrima se me escapará, siempre que hablo con el corazón en la mano me pasa.
Siéntate. Es un momento. Cuando te canses te vas, cuando me canse me iré.
Y si dentro de un siglo seguimos en esta mesa sentados, frente a frente, será porque a pesar de todo, risa tras risa, seguimos gustándonos.


Deja un comentario