
En la enigmática ciudad de Turín, entre sus misterios y sus neblinas, se encuentra una vía de escape hacia el cielo, un tren que desafía la gravedad y asciende hacia las alturas: el tren Sassi-Superga.
Este tren, más que un mero transporte, es el vehículo de leyendas y susurros del pasado, tejiendo su camino a través de la espesura y el misterio hacia la Basílica de Superga, reposando sobre la cima de una colina como un vigía eterno.
Construido en el año 1884, el tren Sassi-Superga es uno de los pocos trenes cremallera que aún operan en Italia, y su recorrido ofrece una puerta a otro mundo.




El tren Sassi-Superga es una atracción muy especial ubicada en Turín, Italia. Este ferrocarril de cremallera conecta el barrio de Sassi con la Basílica de Superga, situada en lo alto de la colina de Superga. La línea es notable por su historia y su hermoso paisaje. La línea casi recta, es un viaje hacia las nubes sobre Turín, un escaparate del romance del siglo XIX, invitando al presente a un recorrido marcado por vistas espectaculares y una atmósfera cargada de historia y leyenda.
El recorrido en tren ofrece vistas panorámicas de la ciudad de Turín y los Alpes, lo que lo hace muy popular entre los turistas y los lugareños. La ruta tiene una longitud de aproximadamente 3 kilómetros y supera un desnivel de más de 400 metros. A medida que asciendes, la vista se va abriendo y se puede apreciar la expansión de la ciudad en contraste con la naturaleza circundante.


Desde su inauguración en 1884, el tren ha sido un vínculo entre la tierra y el cielo, ascendiendo suavemente por la colina y ofreciendo a los viajeros panoramas de ensueño de Turín y los Alpes distantes. La experiencia se vuelve especialmente mágica al atardecer, cuando los últimos rayos de sol bañan la ciudad en tonos dorados y carmesíes, creando el ambiente perfecto para un momento de profunda reflexión.




Al llegar a la cima, la Basílica de Superga el destino final del viaje, es en sí misma una obra maestra arquitectónica. Se presenta como un testimonio de la devoción y el arte barroco. Diseñada por Filippo Juvarra en el siglo XVIII por encargo de Víctor Amadeo II de Saboya como agradecimiento a la Virgen María por la victoria en la batalla de Turín, esta elegante estructura fue construida en agradecimiento celestial. Además de su impresionante arquitectura, alberga las tumbas de muchos miembros de la Casa de Saboya, ofreciendo no solo un lugar de espiritualidad, sino también un mausoleo real para los Saboya.






Pasear por sus naves y criptas es adentrarse en las páginas de la historia, donde cada piedra y cada fresco tiene miles de historias que contar.
Para aquellos interesados en la ingeniería, el tren Sassi-Superga es también un testimonio de la innovación técnica del siglo XIX. Su sistema de cremallera fue una solución ingeniosa para manejar las empinadas pendientes de la colina y sigue funcionando de manera eficiente hasta el día de hoy.
El tren cremallera es un tipo especial de ferrocarril diseñado para operar en pendientes pronunciadas donde los trenes convencionales no pueden circular debido al riesgo de deslizamiento. Este sistema utiliza una técnica de tracción específica que involucra una tercera vía, conocida como «vía de cremallera», además de las dos habituales.
En el centro de las vías convencionales, se sitúa una vía adicional que tiene dientes, parecidos a los de una cremallera. Esta vía puede ser continua a lo largo de todo el trayecto o solo en secciones donde la pendiente es más empinada.
Los trenes equipados para circular por estas vías tienen uno o más piñones (ruedas dentadas) que encajan en los dientes de la vía de cremallera. Estos piñones son accionados por los motores del tren.
Cuando el tren se mueve, el piñón gira y engrana con los dientes de la vía de cremallera, lo que proporciona la tracción necesaria para subir pendientes empinadas sin resbalar. Para el descenso, el sistema de cremallera también ayuda a controlar la velocidad del tren, actuando como un freno mecánico y asegurando que el tren descienda a una velocidad controlada.
La interacción entre el piñón y la vía de cremallera no solo proporciona la fuerza necesaria para subir y bajar colinas, sino que también aumenta la estabilidad del tren, minimizando el riesgo de que se descarrile en terrenos abruptos.
En resumen, el tren cremallera es una maravilla de la ingeniería que combina mecánica avanzada con necesidades prácticas de transporte en zonas de difícil acceso, asegurando un viaje seguro y eficiente incluso en las condiciones más desafiantes.
Visitar este tren y su destino te ofrece una combinación perfecta de historia, tecnología y vistas impresionantes.
Mezcla de ingeniería innovadora y belleza estética, no es solo un medio de transporte, sino un puente entre la realidad y el reino de lo sublime.
Es un destino imprescindible para aquellos que buscan rastrear la huella del valor humano y la belleza arquitectónica en su viaje por Italia.


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