El guardián del tiempo de la catedral de Estrasburgo

   

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En el corazón de Estrasburgo, en la venerable Catedral de Notre-Dame, se encuentra este objeto que no parece pertenecer al ámbito religioso en el que está inmerso. Es un guardián del tiempo y del cosmos que parece sacado de las páginas de una fábula antigua. 

Es el Reloj Astronómico, un prodigio de la creatividad humana y la ingeniería, cuya historia se remonta al siglo XVI.

Concebido por sabios que buscaban descifrar el ballet celestial de los astros, este reloj no solo mide las horas, sino que también revela el movimiento de los planetas, las fases de la luna y las posiciones de las estrellas. Su mecanismo es un laberinto de engranajes y ruedas que dan vida a un espectáculo diario a la hora del mediodía solar de Estrasburgo, en Francia, donde figuras animadas como los Apóstoles desfilan ante la atenta mirada de la Muerte.

Cuenta la leyenda que el reloj fue creado por magos de la mecánica y alquimistas del tiempo, que infundieron en él secretos antiguos y sabiduría celestial. El gallo en lo alto del reloj, que canta tres veces al día, es un símbolo de vigilancia y renacimiento, inspirando a todos aquellos que escuchan su llamado a contemplar la majestuosidad del universo y nuestro lugar dentro de él.

El Reloj Astronómico actual en la Catedral de Estrasburgo es el TERCERO en su lugar y fue completado en el año 1843, después de que los modelos anteriores se deterioraran o dejaran de funcionar. La creación de este fascinante reloj fue dirigida por Jean-Baptiste Schwilgué, un matemático y relojero de renombre en su tiempo.

Pero veamos un poco más detenidamente al creador cabecilla del actual reloj que podemos ver hoy día.

Schwilgué nació en 1776 y desde temprana edad mostró un gran interés y habilidad en la mecánica y la relojería. Fue una figura clave en la historia de la relojería en Estrasburgo, ciudad que durante siglos ha tenido una rica tradición en este arte. Siendo un niño, cuentan las historias populares , fue llevado al interior de la catedral a admirar el reloj anterior, el cual hace mucho tiempo había dejado de funcionar, y nadie había conseguido reparar. Mirándolo absorto, decidió emprender la tarea vital de reconstruir el reloj de la catedral, tarea astronómica, valga las redundancia, que le llevará a estudiar en la universidad los estudios necesarios para conseguirlo. Schwilgué se encontraba frente a un desafío monumental, no solo por la complejidad técnica sino también por el simbolismo y la expectativa que rodeaban al proyecto.

El reloj que él y su equipo crearon incluye múltiples complicaciones, como un calendario perpetuo, un planetario, y la indicación de eclipses solares y lunares. Además, implementó figuras automatizadas que realizan un desfile diario, lo que convierte al reloj en una verdadera atracción tanto para locales como para visitantes.

La dedicación de Schwilgué para combinar arte, ciencia y técnica en su creación ha dejado una huella perdurable en la catedral y en la cultura de Estrasburgo, convirtiéndolo en un verdadero mago del tiempo, cuyo legado perdura en cada tic-tac del segundero.

Visitar el Reloj Astronómico de la Catedral de Estrasburgo es como abrir un libro de cuentos, un recordatorio perpetuo de que, aunque somos pequeños, nuestra capacidad de maravillarnos y descubrir permanece tan vasta como el cielo nocturno.

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