
Entérate. NO vales lo que crees que vales.
NO, no eres imprescindible.
No me muero sin tí.
Mi vida no depende de tu humor, ni de tus decisiones ni de tus límites.
No necesito poner tus lavavajillas, doblar tus calcetines, planear lo que vas a engullir el resto de la semana para gastarme sumas astronómicas de dinero en el supermercado con el fin de darte de comer las proteínas que demandas.
No requiero tus embistes sexuales que no quieren respetar mi estado de ánimo, mi humor, ni siquiera mis lutos.
No tengo el legado divino diario de servirte un café en la mañana que nunca, jamás, te levantarás a preparar tú para los demás.
NO bonito. Nadie precisa de poner tus lavadoras, de recibir tus estúpidas indiferencias y de atender admirativamente a tus eternos monólogos de trabajo. Deberías pararte a reflexionar por qué hace tiempo que nadie más se para a escucharte.
No tengo la necesidad de tu falta de planes, de tu pasividad en cualquier ámbito de la vida que no sea tu trabajo.
No hace falta que me hagas sugerencias sobre recetas que nunca cocinarás tú, hábitos saludables que siempre esperas que otros implementen por tí. Ahórrate hacerme partícipe de todas las buenas intenciones y promesas para con nuestros hijos, que terminarás por no cumplir, para no romper con tu basura de rutina.
NO. No pienso adaptar mis horarios esperando la flexible hora en que te despegues de ese incondicional ordenador, para indiferéntemente adaptar mis planes y los de mis retoños a tus horarios incompatibles con la vida misma.
NO, no es cierto que al tener que trabajar tantas horas estés mentalmente exhausto como para hacer un puzzle con tus hijos a las siete de la tarde, o ponerte a resolver problemas caseros por los que llevan esperándote tantos dias; que ya se les fué de la cabeza lo que querían.
NO, no me entusiasma la idea de bañar y acostar dia tras dia a nuestros hijos yo sola porque tu estás en la cama ¨desconectando¨, mientras lees las noticias en el móvil o bobeas con un libro pretendiendo que lees. Día tras día, sin descanso, sin importar si estoy enferma, triste o psicológicamente extasiada.
No, no me vas a hacer sentir inferior con tus comentarios infravalorando mis tareas, mi trabajo no remunerado, mi incondicional esfuerzo reconocido exclusivamente con el amor y los besos de mis maravillosos hijos.
No es un imprescindible en el destino de nadie oir tus comentarios criticando a mi familia, juzgando a amigos cercanos, metiéndote en la diminuta parcela que ha dejado la maternidad de lo que, antaño, fue mi vida personal.
No, nadie puede borrar los despechos que me has hecho frente a tu madre, anteponiendo tus familiares a mis escasas necesidades. Tus faltas de respeto hacia mi obviando comentarios de tu familia, dirigidos explícitamente a hacerme daño, en vez de salir a defender lo que tienes en casa. En vez de degollar por tu mujer y tus hijos si hiciera falta.
Y sí, SI hay un después de tí. SI.
Cuando la vida ya no me haga depender de tí. Cuando otra suerte me sonría y no necesite nada de tu persona. Cuando todo gire algunos grados y me levante con otros pies, me ponga otros zapatos y vea que ya nadie depende de mí. Ahí, ya, no tendré yo que depender de tí.
Cuando empieces a ser consciente que ya nadie quiere lo que tú, quizás en ese momento, sí estés dispuesto a dar. Pero que ya nadie, literalmente nadie, está interesado en ello.
Me he cansado de defenderte porque no eres defendible.
Eres una decepción.
Y lo digo sin rencor, con el corazón pesado por una carga de tristeza infinita. Pesado por haberme dejado la piel y las uñas tratándo de hacerte ver. Tratando que no me tomes por un mueble más que engalana la casa de tus logros.
Que te aguante tu madre niñato.
Que yo tengo cosas mejores que hacer que recoger tus calzones a medio meter en la cesta de la ropa sucia. Que ya estoy cansada de que pretendas hacerme desaparecer en la sombra que proyectas.
CIAO negro. NEXT.


Deja un comentario