Aunque me cueste tener que pasar por unas cuantas pesadillas…

   

Tiempo de lectura:

2–3 minutos

Hacía tiempo que no te veía. Ni en la vida material ni en mis sueños. Y hoy me agarraste desprevenida al ver tu hermosa presencia aparecer de madrugada en mi traicionero subconsciente.

Allí estabas, alto, moreno, sonriente… Con tu cara dulce y mirada de soslayo, encerrado en un cuerpo precioso que no elegiste.

Me acerqué a ti, insegura, con las ganas de ser tuya que siempre emanan de mi alma cuando apareces en mi campo visual. 

Pero a sabiendas que no te puedo tener, mi paso fue lento y decoroso.

Te sentí acercarte despacio, seguro, decidido, pero realmente despacio. 

Fui a saludarte, resignada a darte el par de besos insípidos que indica el protocolo. 

Y tú…. Tú me sorprendiste. 

Te aproximabas virando paulatinamente sobre ti mismo, envolviendo mi figura, sujetando mi codo levemente para impedir que yo también girara en respuesta a tu desvío de trayectoria. 

Te miré confundida, sin saber qué hacer, pero totalmente cautivada por tus lentos movimientos.

Y de repente comprendí, y se me aceleró el corazón. 

Me rodeaste con tus brazos abarcando todo mi cuerpo, apretando tu pecho contra mi espalda. 

Giré mi cabeza a la izquierda para no perder de vista tu preciosa cara mientras me abrazadas por la espalda.

Y ahí me rendí, me dejé hacer….

A partir de ese instante mi humilde destino estaba en tus manos.

Y casi a cámara lenta, fuiste dirigiendo tus labios a los míos, ganando distancia, como pidiendo permiso en cada centímetro que conquistaba tu cara en dirección a la mía.

Ya podía sentir tu aliento. Ya podía ver tus ojos entrecerrarse por la tentativa del contacto de tu boca. 

Aguanté la respiración, cerré los ojos y sentí tus labios carnosos posarse sobre los mios, en silencio, sin prisas, con la presión justa de alguien que sabe lo que hace…

Sostuviste ese hermoso momento un par de segundos, en los que cada célula de mi cuerpo se fundió cobrando un nuevo sentido.

Empezaste a distanciarte saboreando cada segundo, hasta que te me quedaste mirando a los ojos, todavía muy cerca de mí. Unos ojos llenos de amor y admiración.

Y en ese momento solo quise ser tuya por siempre. Perderme en lo oscuro de tus ojos, más profundos que cualquier cráter.

Pasarme los días admirando la sinceridad de esa mirada.

Otra sonrisa se te escapó, una línea de medio lado que le dio un atractivo inmenso a tu ya hermosa cara. Seguías abrazándome haciéndome sentir vulnerable y protegida.

Ya tengo un nuevo objetivo. Volver a encontrarte en mis sueños. Aunque me cueste tener que pasar antes por unas cuantas pesadillas….

Deja un comentario

Descubre más De mochilas y manuscritos

Suscribete ahora para recibir notificaciones de nuevos posts

Continue Reading