Lusitania y Castilla, dos regiones en la península Ibérica, han jugado un papel reseñable en la formación de las identidades modernas de Portugal y España.
Lusitania, que abarcaba partes del actual Portugal y España occidental, fue una provincia importante del Imperio Romano. Su legado cultural y lingüístico es un antecedente de la identidad portuguesa.



Castilla, por otro lado, se convirtió en un reino poderoso en la Edad Media y fue fundamental en la unificación de España bajo la Corona Castellana.



Lamentablemente, como todo hijo de vecino, la relación entre portugueses y españoles está marcada por una mezcla de rivalidad y fraternidad. Como una relación entre hermanos peleones. A lo largo de los siglos, han competido por territorios y rutas comerciales, especialmente durante la Era de los Descubrimientos. Pero también han compartido influencias culturales, gastronómicas y lingüísticas. Esta dinámica compleja es un reflejo de su proximidad geográfica y sus raíces históricas comunes.
Expresión fiel de la personalidad portuguesa es su música por excelencia: El Fado, canto llorado de lo que puso ser y no fue, uno de los tesoros culturales de Portugal, es un excelente ejemplo de cómo la música puede capturar la esencia de una nación. Originario en el siglo XIX, el Fado es un género musical melancólico, caracterizado por letras profundas que a menudo reflejan los temas de la fatalidad, el amor perdido y la nostalgia, o «saudade», un término portugués que describe un anhelo profundo y melancólico por algo que fue y ya no es, o por lo que nunca llegó a ser. Un sentimiento emocionalmente complejo y de una belleza despampanante. Los cantantes de Fado, acompañados por la guitarra portuguesa, expresan la alma de Portugal, reflejando la historia marítima del país, sus luchas y sus sueños.

Y además del Fado, los portugueses tienen una maravillosa manera de expresarse: el silencio – ese anhelo indescriptible que pesa en el corazón.
El «silencio de los portugueses» es un tema interesante que refleja aspectos profundos de la cultura y el carácter portugués. Este silencio no debe interpretarse necesariamente como falta de expresión o comunicación, sino más bien como una característica distintiva de su temperamento y enfoque hacia la vida.


Históricamente, las razones encontradas para esta falta de necesidad de rellenar La Nada con palabras, tipo los españoles y los latinos son, entre otras:
– Reserva y Modestia: Esta tendencia al silencio puede ser una expresión de cortesía y respeto. En la cultura portuguesa, a menudo se valora más escuchar que hablar, lo que refleja una forma de interacción social más reflexiva y considerada.
– La maravillosa y famosa Saudade: El concepto de «saudade», profundamente arraigado en la cultura portuguesa, también puede influir en este silencio. Saudade es una forma de nostalgia bienvenida. Este sentimiento puede llevar a una introspección silenciosa, un reflejo en la música del Fado.
– Historia y Sociedad: La historia de Portugal, marcada por descubrimientos marítimos, largos períodos de dictadura y cambios sociales rápidos, también ha moldeado la disposición al silencio. Históricamente, durante tiempos de opresión, como la dictadura de Salazar, el silencio podía ser una forma de autoprotección. Con el tiempo, este silencio se ha convertido en parte de la expresión cultural.



Este vacío de palabras se manifiesta en la vida cotidiana de Portugal, desde las tranquilas calles de sus pueblos hasta la atmósfera reflexiva de sus cafés y espacios públicos.
Este oír sus propios pensamientos es una invitación a detenerse, a respirar profundamente y a sentir. Es un lienzo en blanco para las emociones, un espacio donde la nostalgia y la esperanza se entrelazan en un abrazo etéreo.
Es un Silencio que habla más fuerte que las palabras.

Los portugueses, nos enseñan que no todas las emociones necesitan ser expresadas en palabras. En cada esquina, en cada mirada fugaz, en cada sonrisa tímida, hay historias no contadas. Y que, además, no sienten las necesidad de ser compartidas. Sin, por ello, borrar su existencia.
Es una invitación el espacio íntimo dentro de nosotros donde habita la verdadera belleza; ése que tantas culturas evitan con ruido vocalizado.
Por tanto, hablen bajito por favor.
Gracias.


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