Monasterio de Batalha. Lo que nunca será, aunque de sobra lo merezca.

   

Tiempo de lectura:

3–5 minutos

El Monasterio de Batalha, también conocido como Monasterio de Santa Maria da Vitória, es una obra maestra de la arquitectura gótica y manuelina en Portugal, con una historia original.

El monasterio fue mandado construir en 1386 por el rey Juan I de Portugal como agradecimiento a la Virgen María por la victoria portuguesa en la Batalla de Aljubarrota (1385). Esta batalla fue crucial para la independencia de Portugal frente a Castilla. 

Los portugueses no esperaban ganar esta contienda porque estaban en desventaja en cuanto a número y armamento. Pero, en ocasiones, el destino es más fuerte que cualquier contratiempo. 

Cumpliendo su promesa, ganada la batalla, menos de un año más tarde comenzaban las obras de tamaña preciosidad.

El monasterio ha sido históricamente lugar de descanso de varios reyes portugueses y figuras históricas, incluyendo al propio rey Juan I y su esposa, Filipa de Lancaster.

En 1983, el Monasterio de Batalha fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La construcción del monasterio duró varios siglos, lo que explica la mezcla de estilos arquitectónicos gótico y manuelino. 

Portal Principal

El portal principal y la Capilla del Fundador son ejemplos destacados del estilo gótico flamígero en Portugal.

Portal Sur

Mientras que, bajo el reinado de Manuel I, se añadieron elementos manuelinos, como el portal sur, que exhiben una ornamentación compleja y única.

Tiene dos maravillosos claustros; uno de ellos especialmente bello. El otro más comedido, pero no por ello exento de encanto.

La Iglesia tiene gran belleza, pero sobre todo tiene varias cosas un tanto curiosas.

Para empezar, los pedruscos o lajas que conforman el suelo de la iglesia están marcados. 

Observé que las marcas se repiten con cadencia y que había como unas 10 distintas. Pregunté asombrada a una de las trabajadoras que guardan este monumento y me explicó que las marcas eran las de los «albañiles» que colocaban las piedras. Cada uno la suya. Con dos fines: saber por dónde se iban en la construcción del suelo y a quién le tocaba seguir, e, imagino, saber sobre quién recaería la responsabilidad en el caso de falla o imprevisto.

Se nos desmontó la teoría conspirativa sobre significados y símbolos religiosos… O sobre lenguaje jeroglífico revelando secretos escondidos en las entrañas del monasterio…. Jejeje… Pero el buen rato lo pasamos imaginando infinitas posibles, pero poco probables, realidades alternativas.

Quiero destacar dentro de la iglesia, pegado a ella, las tumbas de El Rey Juan I de Portugal y su esposa, Filipa de Lancaster: Juan I fue el fundador de la Dinastía de Avís y gobernó Portugal desde 1385 hasta su muerte en 1433. Su esposa, Filipa de Lancaster, era hija del Duque de Lancaster, lo que unió a las casas reales de Portugal e Inglaterra.

En un lado de la capilla encontramos al Infante Dom Henrique (Enrique el Navegante): Figura clave en los primeros días de la Era de los Descubrimientos de Portugal. El Infante Dom Henrique fue un importante patrocinador de exploraciones y descubrimientos marítimos. La tumba de Enrique destaca de las demás, habiéndo sido éste engalanado con lo que parece una corona enorme, circundando su cabeza, en la representación de él mismo que yace sobre la tumba. Aunque Enrique el Navegante no fue canonizado ni considerado santo, el uso de este halo en su tumba podría ser un indicativo del alto respeto y veneración que se le tenía.En el contexto de la tumba de Enrique el Navegante, este elemento podría ser interpretado como un símbolo de su importancia y estatus casi legendario en la historia de Portugal.

También encontramos otros hijos de Juan I, como el rey Duarte de Portugal y el Infante Pedro, Duque de Coímbra.

El monasterio es también famoso por las Capillas Imperfectas, un conjunto de capillas sin terminar que son un testimonio del cambio en el estilo arquitectónico y las interrupciones en su construcción.

A las capillas les falta el techo, además de algunos otros elementos arquitectónicos. Toda esa ausencia deja un halo misterioso que envuelve al visitante, dando una sensación de misterio y abandono que compite con su delicada ornamentalidad. Se siente como estar en las ruinas de lo que nunca llegó a ser, pero siempre quiso. De lo que nunca será, aunque de sobra lo merezca.

Si tienen la suerte de visitarlas con sol, el juego que hacen los rayos solares entrando por los resquicios de ventanas a medio, a la par que inundando paredes de luz gracias a su techo abierto, es todo un espectáculo.

Si están por la zona de Lisboa, no lo duden. Muy cerquita al norte, tienen una joya inmerecidamente poco conocida. 

Deja un comentario

Descubre más De mochilas y manuscritos

Suscribete ahora para recibir notificaciones de nuevos posts

Continue Reading