Porto, sus puentes y la saudade de los fados en un día lluvioso

   

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3–5 minutos

Porto, maravilla costera en el norte de Portugal, es una ciudad vibrante, llena de vida e historia. 

Imagínate paseando por calles empedradas, rodeadas de coloridos edificios antiguos, sintiendo la historia en cada esquina. 

Es pura magia, un lugar donde cada piedra y cada rincón cuentan un trocito de nuestro pasado; caminar por sus calles es como viajar en el tiempo. 

Porto huele a salitre, a humedad y a comidas sabrosas. 

El río Duero, alma de la ciudad, refleja los colores vibrantes de los edificios en su orilla. Los atardeceres aquí son un espectáculo, con el cielo pintándose de tonos naranjas y rosados, mientras las luces de la ciudad comienzan a parpadear. Aunque, sean conscientes, muchos de estos atardeceres no se pueden apreciar con tanto entusiasmo, dado que es usual que el cielo esté encapotado (nublado) y tiemble el ambiente con una ligera llovizna. Lo que, a mí parecer, no le quita encanto precisamente, aunque si belleza estética…

También está la inusual belleza industrial que destila el Puente Luís I, una maravilla de la ingeniería del siglo XIX que conecta Porto con Vila Nova de Gaia (la orilla de los vinos), ofreciendo unas vistas espectaculares del río Duero. 

Es recomendable tomar un pequeño crucero de 50 minutos que se llama «El crucero de los seis puentes». Este paseo fluvial te mostrará las dos orillas de la desembocadura del Duero por igual, y es la mejor manera de tener una visión general de la ciudad, y la única opción rápida para asomarnos al comienzo del océano. El barco se toma en la orilla de Gaia.

Esta ciudad es famosa por su vino: el Porto, que se almacena en las bodegas a lo largo del río Duero. Este vino es el corazón de muchas tradiciones locales, incluyendo la celebración de São João, donde la ciudad se llena de música, baile y fuegos artificiales. Las bodegas, con sus barricas centenarias, no solo guardan vino, sino historias, risas y lágrimas de generaciones. 

Me avergüenza confesar que no lo he probado. Mis disculpas, pero no soy una persona del néctar de los dioses. Ni casi de ningún nectar alcohólico de hecho….

La historia de Porto está marcada por figuras importantes como el Infante Don Henrique, conocido como el Navegante, quien jugó un papel crucial en la Era de los Descubrimientos de Portugal. Su tumba está junto a la de sus padres en el Monasterio de Batalha, cuyo post encontrarás pronto en este blog …

Caminando por sus empedradas calles te encuentras con maravillas como la Livraria Lello. Una librería que parece salida de un cuento de hadas, con su escalera sinuosa y libros antiguos que susurran secretos del pasado. En las estanterías superiores y detrás de cristales protectores, vemos los libros antiguos, los que, anteriormente a los actuales, más comerciales, engalanaban los estantes a la espera de los ojos curiosos que superan apreciarlos. 

Se dice que la autora de Harry Potter se inspiró en las formas redondeadas de los bordes de esta librería para escribir sus famosas historias. Lo cierto es que ella estuvo un tiempo trabajando aquí durante una temporal estancia en el país. 

Por si su belleza interna fuera poco, la fachada inspirada en Art Nouveau es la guinda de un pastel deseado por todos. 

La entrada vale 8€. Los libros hoy día son más comerciales y de número reducido, aunque en muchos idiomas. Si te llevas un libro se te descuenta el precio de la entrada del montante totaldel mismo.

Las tradiciones en Porto son un reflejo de su rica historia y cultura. 

Desde las festividades de São João hasta la música tradicional de Fado que resuena en las tabernas y calles, Porto es un lugar donde el pasado y el presente se entrelazan de manera mágica. 

El Fado es un llanto hecho canción, es un grito de tristeza enlazada con pasión lanzado al aire por un alma sin hombro sobre el que llorar. Es una expresión de los sentimientos melancólicos más profundos, de la maravillosa saudade portuguesa…

Porto es pasión, es historia viva, es un lienzo de emociones y belleza que deja una huella imborrable en el corazón de quienes la visitan. Es un tesoro escondido que despierta el alma viajera, invitándote a explorar, a sentir, a vivir. 

¡Porto no se visita, se siente!

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