La cicatriz que deja este noble país.

   

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Me gustaría usar esta especie de introducción de este maravilloso país, para decir cosas que no aparecen en otros blogs o páginas web de información sobre este conocido destino. 

Marruecos es un país precioso, con una arquitectura musulmana impresionante, si llevas un ritmo normal a unas horas decentes, se respira seguridad por sus calles. 

Para ser sincera, después de haber estado allí me ha costado apreciar la arquitectura y la ornamentalidad del resto de los edificios de los sitios donde hemos transitado posteriormente. 

Lo que estoy tratando de decir es que es un país que simplemente no hay que perderse. Y no solo por esta arquitectura, sino también por su forma de vivir y convivir.

Los marroquíes no viven de puertas para fuera, y eso se traduce de manera muy clara en el estilo de sus casas. Cuando andes por las calles de las ciudades, cuando recorras las estrechas callejuelas de los centros históricos; no te dejes engañar por las fachadas cayéndose a pedazos, la pintura desconchada, los rincones de basurilla y la falta de limpieza de las paredes. A estos nacionales les gusta vivir de puertas para adentro. 

Lo que por fuera parece un edificio que deja mucho de que desear, por dentro puede ser un palacio agasajado de decoración y volutas imposibles, un espacio para detenerse, un museo arquitectónico en cada pequeña casa.

También aprovecho para desmentir todo lo que dicen en Internet sobre el Ramadán. Es cierto que las costumbres hacen que no se coma durante las horas de sol, es cierto que más tarde se pasan parte de la noche comiendo, con los ruidos nocturnos vecinales que ello conlleva; es cierto que su dieta cambia durante estos días. Pero también es cierto que en muchas páginas web se dice, que no importa que el país esté en Ramadán, siempre encontrarás con cierta facilidad un sitio donde comer. Yo estoy escribiendo ésto para corroborar que no es tan fácil; sino lo contrario, es muy difícil encontrar un sitio abierto donde te den de comer mientras el sol está en el horizonte. Es muy difícil que llegue la comida que has pedido por uber a casa. Es bien complicado que llegue el pedido del supermercado a tu casa, dado que los que transportan la comida, también están en Ramadán. 

Sencillamente en Ramadán el tiempo casi se detiene. 

Si el concepto del tiempo ya era relativo al comparar esta cultura con las occidentales y se nos hace cuesta arriba entender cómo pueden poner tanta paciencia en hacer algo; durante el Ramadán esto se multiplica por 10.

Si viajas por tanto a este país en estas fechas, cárgate de paciencia y disfruta del ritmo sosegado que ofrece una forma de pensar diferente, en unas circunstancias que no has experimentado nunca. Porque en todo Norte hay un Sur y en todo lo positivo hay un negativo. Encuentra siempre de qué aprender.

Tánger durante el Iftar o fin del ayuno (cerca de las 7 pm)

En cuanto al tema de las propinillas, va a ser algo que siempre encontréis en los pueblos o en las ciudades pequeñas, la gente espera que le des algo a cambio de un servicio. También los niños esperan que, siendo europeo, seas como un cajero automático, y les vayas dando por la calle  cada vez que te pidan. Tranquilo. Basta con decir que no. Si son insistentes mírale a los ojos y di no claramente. No les falta la educación, así que en algún momento se irán. 

A mí, personalmente, más me molesta el tema del regateo que el de la propina. El hecho de tener que regatear siempre que uno compra algo, sin ninguna excepción, me pone nerviosa. No llevo bien tener que estar rebajándole unos euros, que ya me parecen miserables, a una persona con más necesidades que yo. Pero a ellos, que les pagues el precio que piden al principio, se les hace raro, y algunos se quedan con mal sabor de boca. 

Es un tema un poco delicado.

En cuanto a la comida, solo diré lo que siempre digo, prueba todo lo que no conozcas, disfruta de unos guisos y unos manjares que se cuecen siempre a fuego lento. 

Gracias a Ala, al destino, o a lo que sea, aún existen lugares donde el comer cada día, significan dos o tres horas de alguien dedicándole tiempo a que tú comas. Eso se nota en el sabor.

El tema de transporte público es algo que también lleva cola, los autobuses urbanos llegan cuando llegan y si no llegan no llegaron. Suelen ir cargadísimos de gente, aunque, a decir verdad, casi siempre te cederán el asiento por el simple hecho de ser extranjero. Es increíble como la cultura de cuidados del huésped en su casa, la trasladan también afuera de casa, priorizando la comodidad del visitante a la suya propia. 

Aparte de los autobuses, los trenes funcionan bastante bien. Aunque a decir verdad, tanto trenes como autobuses que no son de ciudad a ciudad, son los transportes de los años 60 que fueron descatalogados ya de España. Se exportan allá a un precio muy módico, y son los que usan a día de hoy en estas tierras desérticas. Funcionalmente perfectos, pero en cuanto a modernidad, dejan algo que desear. 

Tranvía en Rabat

Sin embargo, tanto los trenes de alta velocidad como los autobuses que van entre ciudades, son perfectamente modernos y cómodos.

La prohibición del alcohol es palpable en todo el territorio. Sólo podrás comprar alcohol, en el caso de que no puedas estar sin beberlo, en algunos restaurantes extremadamente turísticos en las zonas muy muy turísticas de las ciudades. O, en su defecto, si lo que quieres comprar son botellas, tendrás que ir a tiendas especializadas, lo que serían para nosotros licorerías ya en desuso, pero realmente no son antiguas, sino todo lo contrario. Generalmente están en la zona rica de la ciudad, pegadas a hipermercados. Será suficiente buscar en Google la más cercana a ti y que vayas a pagar los precios que te pidan por este mejunje prohibido.

Una sorpresa muy agradable, es que, a pesar de que para el Islam, la homosexualidad no está bien vista, es muy común ver que dos hombres vayan de la mano por la calle, sin que ello signifique que sean pareja, sino simplemente amigos, hermanos, familiares….. Ni en Occidente se nos hace normal que dos personas vayan por la calle dadas de la mano si no son pareja o madre hija en todo caso o hermanas. 

Da gusto verlos.

Seguro que se me pasan muchas cosas. Puede que con el tiempo vaya extendiendo este post con anécdotas sobre la marcha. 

De cualquier modo, solo me queda por decir que, a Marruecos, deberíamos venir todos al menos una vez en la vida.

Pero por libre, sin tours, ni rutas, ni guías… Sólo dejando que la cultura, los olores y las diferencias penetren en nuestros sentidos y formen parte de esta nueva forma de ver las cosas, que nos dejará a modo de cicatriz, este noble país.

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