
Ya sea Tayín, Tajín, Tajine o Tagine, o como lo quieras escribir, este es uno de nuestros platos favoritos de la cocina magrebí. Algo que nos encanta es que hay tantas variedades y, cada lugar y persona lo cocina de manera tan diferente, que es difícil que te sepan igual aún siendo el mismo plato.
Durante nuestra última estancia en Tánger pudimos disfrutar de la experiencia de cocinar este platillo con una familia local. Nos pusimos a cocinar una adaptación práctica de la clásica tajine de ternera con albaricoques, o mas bien «orejones», donde por razones prácticas, reemplazamos el emblemático tajine de barro con una olla exprés.

La olla exprés, aunque moderna, no restó autenticidad al proceso ni al sabor. Nuestra anfitriona ya tenía medido todo y nos explicó cómo preparar desde la carne hasta que especias usaban ellos, desde canela, hasta comino y pimienta. Con la olla exprés nos ahorramos mucho tiempo de cocción pero la textura resultó igual de suave.

La mesa estaba dispuesta de manera sencilla pero acogedora, con un mantel a rayas y sillas de mimbre pero con ese toque norteafricano que gusta, una recipiente para el pan de metal color dorado, copas y vasos con decoración árabe, en fin, perfecto para lo que estábamos a punto de comer.

El proceso de preparación nos llevo alrededor de unas 3 horas; muchísimo si se considera el tiempo en el que tardamos en devorar esta delicia.

Durante la comida, pudimos convivir y compartir experiencias con esta amable familia compuesta por una pareja de marroquíes nativos de Meknès, pero con una vida establecida en Tetuán y Tánger desde hace ya mucho tiempo. Nos hablaron de la vida en Marruecos, de sus migraciones desde Meknès hasta Tánger y alguna otra dificultad en su vida, pero también de su colorida esencia y de una feliz vida en Tánger.
Al terminar la comida nos sentamos a tomar el famoso té de menta o té moruno como se le conoce en España con pastas o galletitas de té para acompañar un perfecto cierre a esta comida.
Esta experiencia de cocinar y comer con una familia marroquí nos ofreció una ventana al corazon de su mundo culinario, un mundo que no es nada pequeño en este país. Fue un viaje íntimo a través del gusto, la tradición y la calidez de los momentos compartidos, recordandonos que en cada rincón del mundo, la comida es el lenguaje universal de la conexión.
A pesar de que esta experiencia nos haya llegado de la mano de uno de los servicios que ofrece Airbnb (aproximadamente 20€ o 22$ por persona que es casi el coste de ir a un restaurante turistico), esto no hizo dicha experiencia menos auténtica y realmente nos hemos sentido bienvenidos con esta familia y hemos disfrutado de su cocina y compañia.
¡Viajen, conozcan y prueben cosas nuevas sin prejuicios que en una de esas, encuentran lo que buscaban!
¡Hasta la próxima comida! 🇲🇦🫖


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