Badajoz en un día

   

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Badajoz es una ciudad que no brilla precisamente por su encanto. Es una de esas ciudades igualita que mi ciudad natal, práctica, segura y cómoda. Sin embargo, en términos de turismo, no podemos darle grandes alabanzas. 

Lo cual no es una desventaja, sino una realidad.

Quizás lo más remarcable de Badajoz sea su Alcazaba, que data de varias épocas como casi todas las alcazabas de España. Musulmanes, mozárabes, y construcciones posteriores se agolpan unas encima de otras en unas ruinas todavía a medio de excavar. Lo remarcable de la Alcazaba es el paseo por las partes superior de la muralla, que está absolutamente limpia de obstáculos y con unas vistas impresionantes de la ciudad tal y como ahora es, y de lo que fue la antigua ciudad intramuros. Un paseo de algo menos de una hora que nos va a dar una idea bastante buena de los alrededores.

Entrada a las murallas de la Alcazaba
Torre Espantaperros

Es también de cierto interés la Plaza Alta, que con sus edificios residenciales se alza como plaza del centro histórico de la parte antigua de la ciudad, pintados con motivos de ángulos rectos y colores armónicos haciendo del conjunto un lugar vistoso y agradable. Pueden ver el vídeo de la plaza en el siguiente link.

Ha sido catalogada como una de las diez plazas con más interés de España.

Bajo los arcos de las «Casas coloradas», como las llaman, se celebran desde la edad media mercados callejeros. 

El día que nosotros pasamos por allí era sábado, y un mercado de segunda mano y antigüedades se habría camino entre arcos, columnas, fachadas y entradas y salidas de esta memorable plaza.

Una de las sorpresas inesperadas que ofrece la ciudad, es el museo del carnaval. Nos lo encontramos al salir del aparcamiento y decidimos dedicarle aproximadamente una hora. Es un museo pequeño que describe con todo detalle la magnífica costumbre que existe en estas tierras de hacer un carnaval que nada tiene que envidiar a carnavales y trajes del estilo de los de gama internacional pero en pequeño. Las lentejuelas, los tonos dorados, los brillos, las anillas y los adornos se suceden en distintos atuendos con múltiples motivos que evocan otras épocas y otras culturas. Trajes inspirados en caracteres de todo estilo, o trajes absolutamente sacados del imaginario popular. 

Este museo ofrece no solo la historia de una tradición conservada con esmero, sino la visión de una costumbre que ha sido muy aceptada por los lugareños y que sólo tuvo una parada durante la época franquista, la cual duró varios años. 

A pesar de esa parada temporal, la gente seguía celebrando el carnaval en sus casas, a escondidas, en grupos reducidos. 

Al final de esta exposición hay una sala para niños donde pueden ver la creatividad de estas gentes trasladada a las míticas muñecas Barbie. Decenas de muñecas vestidas de maneras extremadamente originales deleitan la vista del visitante que encontrará la alta capacidad y creatividad de las gentes que las han vestido. Merece la pena una breve visita.

Encuentren el vídeo con las Barbies disfrazadas debajo de estas líneas.

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