La Vendée francesa

   

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La Vendéé. Tierra de mis amores. Terruño fértil de la campagne francesa que me robó el corazón en dos meses de habitar sus tierras.

Horizonte interminable de cultivos de girasoles, de coliflores, de cereales. Paraíso de erizos y estorninos. Granjas tranquilas de sosegados y amables agricultores cargados de paciencia.

Por razones de nuestro trabajo, tenemos que viajar con bastante asiduidad, tanta que nuestra residencia fija se convierte en realidad en un refugio temporal, casi más temporal que el de todas las otras moradas juntas.

Y había que visitar Francia, con sus gabachos, sus croissants, sus baguettes y todos los prejuicios con los que lo preñan a uno nada más abandonar el vientre materno. 

Pues bien, llegamos allí sin muchos de estos estándares aceptados, dado que la experiencia nos ha enseñado a no creer mucho los juicios hechos con antelación ni las ideas preconcebidas. Condujimos hasta la Vendée con el alma limpia de impurezas y sin expectativas.

Llegamos a una extensión preciosa de terreno verde, infinitamente verde. Con árboles enmarcando una carretera que sí esperábamos rudimentaria, y nos sorprendió por lo bien cuidada que estaba y lo nueva que se veía.

Pasaban los días, trabajo y pasear por los alrededores. Con paciencia, la región se fue mostrando a nosotros sin ninguna prisa, segura de su poder seductor.

Para empezar la historia de la Vendée enamora a todo el que la oiga. En 1792, después de la Revolución Francesa, y su derrocada monarquía pasada por la guillotina, se oían aires y murmullos del nuevo régimen: La República Francesa. Esta época vino cargando grandes promesas de derechos, seguridades, resistencia a la opresión y otras bonitas palabras.

Lo cierto es que la Reforma de Robespierre venía con mucha letra pequeña, entre la que los Vendéens no estaban de acuerdo. Ellos sostenían que todo el tema de acabar con la monarquía y pasar a cuchillo a los opresores estaba muy bien, pero que la Reforma se había escrito de tal manera, que los campesinos y demás clases sociales trabajadoras se encontrarían en situación similar con el tiempo. 

En resumidas cuentas, era el mismo perro pero con distinto collar. 

Parque de Puy du Fou, donde se representa parte de la histroria de La Vandée

El caso es que, el acuerdo que había sido pactado fue que, sólo habría Constitución si todas las regiones de Francia firmaban los acuerdos que la conformaban. Y la Vendée estaba interponiéndose en el camino de la mayoría… Tuviese razón quien la tuviese, se habían convertido en unos herejes. Como tantas otras veces ha ocurrido en la historia de la humanidad, esta situación dió lugar a uno de los mayores genocidios de  la historia de Francia. 

La razón principal por la que los Vendéens no se sentían cómodos con la totalidad de los acuerdos, fue la paulatina sustitución de la religión católica por el protestantismo, la quema y saqueo de las iglesias católicas. Se le quitó el poder a la iglesia católica, que por otra parte, ya era hora; pero también se quiso erradicar la fé y las creencias en la gente que la profesaba, y éso ya es harina de otro costal. Y en su lugar, comenzó la fe a la Razón, que, oh sorpresa, un par de años más tarde se convirtió en el famoso “Culto al Ser Supremo” de Robespierre.

En fin, que la Vendée se negó a firmar, a abdicar de su fé y a obedecer a otros soplagaitas que, según ellos, acabarían saqueando a los pobres como todos habían hecho anteriormente. 

Sus vecinos, ni cortos ni perezosos, aprobaron mediante un decreto ley la “legal” aniquilación de los habitantes de la Vendée, por atentar contra la expansión de la supuesta protección de los derechos de los nacionales. ¿Alguien ve aquí una incongruencia aparte de mí?

A partir de ahí MATAR a un ciudadano de aquellas tierras era completamente legal. Muerto el perro, se acabó la rabia que dicen… 

Cuenta la historia que fue un genocidio especialmente sangriento, con los soldados franceses ensañándose con los campesinos y las mujeres y niños que conformaban su no muy numerosa población.

La Vendée tuvo sus héroes por supuesto, pero ésto lo explicará siempre mejor la película “Vencer o morir” de los estudios cinematográficos de Puy du Fou Francia, que por cierto está enclavado en la misma región. Y además su creador, de Puy du Fou, Philippe de Villiers, adivinen dónde nació y qué silenciada historia de vergüenza se propuso airear públicamente. 

He de decir, que muchos de los franceses que proceden de otras regiones, no conocen este trocito de su propia historia. Ya se han encargado de hacerla desaparecer de los libros de texto, y de que los retazos de su existencia sean gradualmente olvidados por todos, excepto por los que lo vivieron en las carnes de sus antecesores.

Y muchas gracias humanos, una vergüenza más para el saco de las barbaridades cometidas en nombre del progreso. 

Dejando emociones a un lado, me gustaría puntualizar que los franceses no son másteres en amabilidad en lo que tratar a extranjeros se refiere, sin embargo, aquí nos trataron con extremo respeto y paciencia. Escuchando nuestro francés roto mientras tratábamos de desenvolvernos en la vida cotidiana. Con sonrisas y buena disposición. 

Además la zona tiene mucho que ofrecer. No se pierdan por favor los posts que estan por venir sobre ella.

Gracias por seguir leyendo, y viviendo. 

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