Rabat es la capital de Marruecos.
A pesar de no ser la ciudad más grande ni mas poblada, sí que es el centro neurálgico de negocios además de la capital financiera.
Algo muy curioso de Rabat es que fue un anclaje de piratas durante muchos años, antes de que se iniciara el protectorado francés. La parte pirata estaba principalmente en la antigua Salé, que hoy ha sido digamos absorvida por Rabat conformándose una ciudad con dos zonas separadas por la entrada de agua Bou Regreg.

Entre ambas zonas hay varios puentes, alguno cruzado por un moderno tranvía. Tambien hay barquitas que te cruzan de una orilla a otra uniendo así las dos zonas urbanas.
Comenzando con Salé, decir que a nosotros nos gusta mucho pasear sin rumbo. Es de esta manera que nos topamos con un pequeño zoco muy ordenado y limpio. Cuesta arriba siempre, dado que íbamos a la búsqueda de la Medersa de Salé. Había investigado y leído que es un bonito ejemplo de arquitectura islamista. Definitivamente cumplió y sobrepasó todas nuestras expectativas.
Es una antigua Medersa de estudio con un patio admirable y un piso arriba de habitaciones para los alumnos. La zona de arriba es parca y laberíntica, aparte de estrecha. Pero el patio de abajo es de una belleza espeluznante.
La entrada no es barata pero tampoco excepcionalemente cara.
En fin, llegamos a Salé en tranvía, subimos el barrio antiguo por el zoco, vimos la Medersa y procedimos a bajar andando visitando el barrio moderno. Déjenme decirles que el barrio moderno es fruto de una inversión reciente debido al hecho de haber convertido Rabat en capital financiera. Es notable que todas las casas nuevas que dan a orillas de la entrada de mar son poseídas por extranjeros. Esas calles parecen un barrio de playa de gente con dinero. Un contraste un tanto desagradable.

Pero antes de acceder al barrio moderno, pasamos sin intención ninguna por el cementerio de Salé, y aquello fue impresionante. Antes de todo avisar que las mujeres tienen semi prohibida la entrada al cementerio, dado que si no serían maldecidas por el profeta de turno que empezó esta tradición por llamarlo de alguna manera. Y esa falta de las mujeres en el mantenimiento de las tumbas y las atenciones a sus seres queridos decesos, déjenme decir que se nota claramente.
Pero lo mas sorprendente de estos cementerios es el tamaño de los mismos. Como saben en España acostumbramos a vivir en pisos por el tema del espacio y la practicidad. E imagino que el que quiere un enterramiento también acepta que su lecho de muerte yazca en pisos similares a los que habitaba de vivo. Se ahorra espacio.
Pues bien, ahora imagínense todos esos pisos de cuerpos, esparcidos a nivel cero. Con un orden caótico o caos ordenados, con tumbas viejísimas mezcladas con las nuevas. Algunas de ellas vacias y abiertas ya por lo antiguas. Y poco decoradas, o nada, por mujeres en duelo. El resultado es imponente.

La vista no abarca la inmensidad de la superficie que ocupan las tumbas, amoldándose la los accidentes naturales del terreno, dando la sensación de ser olas en una marejada de lápidas con exiguos epitafios.
Otra curiosidad es que en los epitafios hay dos fechas: la del calendario gregoriano y la del islámico.

Bien, en cuanto a la otra orilla, la de Rabat, consta de su Medina con su Kasbah correspondiente y el Mausoleo de Mohammed V junto con la Torre Hassan. Es una pena que estos últimos estén cerrados al público, porque son realmente sobrecogedores. Que belleza existe en esta manera de construir en que los detalles hablan de la vida pausada y de los tés. En que la naturaleza creativa del ser humano esta en cada centímetro de material que ha pasado por sus manos. Señores, esto es ARTE con mayúsculas.





De la Kasbah al conjunto de Mausoleo y torre discurre un paseo marítimo muy agradable con cafeterías, restaurantes, gente local y extranjera reunida para pasear en armonía a la hora en que el sol pega ya mucho menos fuerte. Es agradable pasear por esta orilla del rio, la de Rabat, durante el atardecer. Tendrán la oportinidad, en el que caso de que como nosotros, hayan ido durante el Ramadán, de romper el ayuno con un estupendo y completísimo iftar en uno de los restaurantes. El precio no es exorbitante, pero la cantidad de comida sí.

Y decir que el centro de Rabat que no es la medina, es moderno, límpio, cuidado y bien comunicado por el tranvía.

Es una ciudad muy agradable que permite una mayor autónomia de desplazamiento gracias a las líneas de tranvía.
Además es la ciudad donde se respira una mayor distensión en las costumbres musulmanas con respecto a las mujeres. Se ve en general a las mujeres más relajadas en cuanto a la vestimenta y muchas jóvenes que visten de manera más occidental y llevan el cabello descubierto.
La universidad es muy importante en esta gran villa, y su población lo ejemplifica con muchos jóvenes veinteañeros pululando por doquier.
Merece la pena una visita.


Deja un comentario