Mi BODA POLACA

   

Tiempo de lectura:

7–11 minutos

Pues no, siento decepcionarles enormemente. 

Este post no es para contaros cómo celebré unas segundas nupcias en un país al este de Europa. Ni la conmemoración de un aniversario en tales lares. Simplemente fuimos invitados a una boda en dicho país, y qué buena ocasión para romper con creencias inútiles y erróneas formadas sobre experiencias sesgadas.

Veréis, yo había conocido unos cuantos polacos en mi vida, no suficientes como ha resultado ser.

En mi experiencia sesgada los polacos han sido siempre personas no demasiado honestas, oportunistas, insaciables en sentido de competitividad. Sinceramente, pido perdón por adelantado y por atrasado. Obviamente he conocido polacos en situaciones no demasiado favorables para ellos. Eso tambien determina el comportamiento de las personas. Uno no se comporta igual si gana suficiente dinero para pagar el alquiler que si no lo gana. Uno no puede tener la misma actitud frente a la vida si puede compartir su tiempo con sus hijos o si los ha tenido que abandonar en su país de origen para malganarse el pan y mandar todos los excedentes allá donde habite su querida familia. En fin, que no es lo mismo mirar a los demás desde una situación privilegiada y juzgar a personas que están en situaciones más dificiles que la tuya, que simplemente codearte con gente con unos intereses y unas expectativas que fluyen en la misma dirección que las tuyas.

Y sin mas preambulos carentes de sentido, anuncio que decidimos ir a esa boda.

La celebración católica era en una pequeña iglesia a las afueras de Breslavia (Wroclaw), ciudad con una mezcolanza de orígenes que va a ser protagonista de otro post.

Después de la iglesia, banquete y fiesta. Como siempre.

No somos nosotros muy practicantes, pero sí somos de respetar cualquier creencia que respete otras creencias. En fin. Al tema.

La boda fue pequeña, la los asistentes eran la gente más allegada a los contrayentes (todavía no sabíamos muy bien qué hacíamos allí). La iglesia es una joyita desconocida para todo aquel que no sea de la zona. Ladrillos rojizos conformaban las paredes de un habitáculo de medidas moderadas con no mas de 40 bancos. Cabrían unas 180 personas como mucho. La decoración era más bien austera en comparación con lo que estamos acostumbrados en España.

El cura (o padre) era un joven de la edad del novio. De hecho eran amigos de la infancia. 

La ceremonia duró una hora y cinco minutos, que es lo normalmente aceptado en estos casos. Una hora y cinco minutos de polaco hablado suave, melódico, rítmico, embaucador… De la misma manera en que aquí se dicen las misas y las homilías.

Una vez terminado, foto en la puerta de la iglesia con todos los asistentes. De cara al sol, lamentablemente para mi piel blanca radiactiva. Y al ritmo en que los asistentes, los locales, y la misma ciudad en sí laten. Despacio, con calma, sosegadas… Me estaba asando a los 35 grados centígrados que inusualmente hacían ese caluroso dia de verano. No me quiero ni imaginar cómo estarían ellos, cuyos veranos raramente sobrepasan o se acercan a los treinta grados…

Una vez terminada la interminable pose estática, un autobús de alquiler con conductor nos condujo al centro de banquetes donde empezaría la celebración.

Y aquí un inciso por si alguna vez sois invitados en Polonia a una boda. Las polacas se visten para bailar. Muchas de ellas se llevan zapato plano, sandalia con cuña baja o cualquier cosa parecida. Los tacones están reservados para las mujeres que esperan estar más tiempo sentadas que bailando, y son una minoría. 

Los vestidos tambien van acorde con la ocasión: arreglados pero sencillos, formales pero cómodos, suficiéntemente holgados para permitir moverse y girar por el tiempo que haga falta sin tener que estar preocupándose porque se me vea un pecho o no pueda sentarme sin cruzar las piernas. Una maravilla de elecciones para una ocasión en la que ellos priman la diversión a la imagen, el movimiento desenfrenado a la estaticidad impuesta por corsets y fajas, la libertad que proporciona la comodidad al reconocimiento social de la apariencia. Son mis ídolas.

Los hombres como siempre, pantalón de vestir y camisa. La mayoría no llevaban puesto ni corbata ni chaqueta. El calor no ayudaba imagino…

El caso es que me habían advertido interminablemente sobre la capacidad de absorber vodka de los polacos en las bodas… Qué grata sorpresa me llevé al comprobar que este no fue el caso. Es cierto que los novios estaban cerca de los cuarenta, y eran de los más jóvenes del lugar, pero, por una razón u otra, tuvimos la fiesta en paz.

Las bodas polacas son muy agradables. La gente no está tan preocupada de la imagen como pasa en España en este tipo de celebraciones. Allí el maquillaje es más escaso, no se retoca a lo largo de la noche, los vestidos nos permiten movernos y los tacones son bajos o inexistentes. La gente no sólo baila, sino canta, salta, rie descontroladamente por la pista de baile mientras intercambian parejas y se dirigen sonrisas de complicidad. 

Y no todo iba a ser baile. Hay periodos para juegos. Sí, sí. JUEGOS. Juegos que implican a los novios, o no, a los padrinos, a los invitados en general. En este evento jugaron al juego de las sillas, a juegos donde los novios se tenían que quitar e intercambiar los zapatos, a juego de preguntas y respuestas de las cuales no entendimos ni media palabra… Reían, jugaban, se tiraban al suelo y alguna silla se rompio al tratar de sentarse en ella más rápido que el contrincante…

Tambien hay una cosa que en España brilla por su ausencia. Y no sólo en bodas y eventos, sino en la vida cotidiana. El silencio.

En las bodas polacas, según nos explicaron, dejan momentos de silencio. Cuando ocurrió en la primera ocasión preguntamos extrañados si algo pasaba. Cuál era la razón de la repentina desaparición de la música y la algarabía. La hermana de la novia nos explicó que esa era la costumbre. Que se dejan momentos de relajación para que los invitados hablen tranquilamente entre ellos sin tener que gritarse unos a otros para conseguir entenderse. Pretenden tambien que los desconocidos o las familias políticas tengan la oportunidad de conversar y llegar a conocerse un poco más.

Me parece una magnífica idea.

Y AHORA hablemos de comida…

Los invitados van a comer, y los novios lo saben… El banquete empieza con una sopa tradicional y sencilla, muy rica por cierto, con sabor a cocina de abuela. Seguidamente se sirve el plato principal. Se sirve en bandejas grandes de donde la gente va agarrando y poniendo en su plato la cantidad que le parece razonable. He de decir que las fuentes no eran demasiado copiosas y, obviamente, no faltaron las patatas fantásticamente cocinadas y carnes que envolvían champiñones y otro tipo de comidas desconocidas para mí. Todo tradicional. Nada que no encuentres en la casa de cada quién. Una vez terminados los principales, se abre la botella de vodka que hay en cada mesa, y se brinda por los novios con chupitos.

A partir de ahí se saca un buffet frio de comidas algo mas vistosas para que la gente se vaya acercando, se vaya sirviendo lo que le vaya apeteciéndo. En este caso había una amplia mesa de salados y otra mas pequeña de dulces.

Ahí es cuando se comenzaba a beber con algo mas de seriedad. Y a bailar por supuesto.

Se dejaban pasar unas tres horas entre cervezas, chupitos de vodka, cubatas y bailes. Y ahí es cuando se comienza a servir comida de nuevo, cada hora y media mas o menos. Comida caliente, en los platos de cada quien. Un plato no copioso, suficiente para recuperar fuerzas, tener algo en el estómago para absorver el alcohol y seguir bailando… 

Me gustaría aclarar que la boda comenzó en la iglesia a las 15h para coincidir con su cena, y se alargó hasta las tres o cuatro de la mañana.

Hay que abordar otro tema que es algo particualar: los regalos.

Los regalos son optativos y simbólicos. Existe la bonita costumbre de llevar a la ceremonia en la iglesia una bolsita de regalo, de las pequeñas, tamaña cuartilla o DIN A5. La gente pone dentro una botella de vino caro, una biblia, una tarjeta de buenos deseos, cualquier cosa que sea un detallito pequeño y dinero. La cantidad de dinero es subjetiva, aunque nos recomendaron poner unos 70 euros por persona y así lo hicimos. En 2023. No se cómo estarán las cosas cuándo leas ésto…

Cuando pasa la ceremonia y se llega al salón de banquetes o donde sea que se va a celebrar la comida, los novios entran los primeros, y antes de entrar los padres o algún familiar muy allegado los reciben con un pan con cristales de sal pegado en su circunferencia externa. Simboliza el deseo de que nunca les falte de nada.

Una vez entran los novios, proceden el resto de invitados. Se forma una cola enfrente de los novios, que esperan, diligentes y pacientes, a ser besados y abrazados por todos sus invitados, que tambien les dedican unas palabras y buenos augurios de manera mas personalizada. Este acto dura un buen rato, dependiendo de la cantidad de asistentes. Y es ahí cuando se les da la bolsita con el detallito y el dinero. Nosotros, por supuesto, le llevamos un abanico hecho a mano para representar al país de dónde veníamos a esta boda jajajajajaja.

En fin, como conclusión me gustaría decir que si has sido invitado a una boda en este maravilloso país, siéntete afortunado. Vas a pasar un buen rato con gente educada, silenciosa, pero que sabe pasárselo bien. Además de comer copiosamente y probar las comidas tradicionales. ¿Hay una mejor manera de pasar un buen rato y tener tan envidiable oportunidad de conocer una cultura que tiene tanto que ofrecer…? A mí se me hace una de las mejores.

Deja un comentario

Descubre más De mochilas y manuscritos

Suscribete ahora para recibir notificaciones de nuevos posts

Continue Reading